La Noche de Califas en La Merced (Libro)

Algunos fragmentos del libro “La Noche de Califas” del periodista-escritor Armando Ramírez (nacido en Tepito) que retrató en sus escritos el barrio de La Merced en los años 70 y 80 mientras buscaba a “a ese hombre de presencia mítica” en la Calle Jesús y María:

[…] Y estabas inquieto porque ya se había tardado en su cuarto de hotel, ahí, en la Merced, en ese pinche hotel amarillento, luciferino, olorosamente horrible, y estás viendo el letrero de gas neón y no te acuerdas del texto de Tom Wolfe hablando de lo artístico de esto, y de los anuncios de gas neón; y no te acuerdas porque a lo mejor él todavía no lo había escrito o lo estaba escribiendo y tú no lo leerías hasta bien entrados los setentas; pero a ti de todos modos te gustaba mucho ese letrero del hotel Yucatán, ahí, en la plaza de San Sebastián. Te gustaba porque daba esas sensaciones de sexo o de erotismo arrabalero, y era bien mágico para las parejitas que fugazmente ocupaban esas camas de sábanas viejas, mil veces lavadas, mil veces tiesas.

[…] Enfrente tenías la otra marquesina también con gas neón, la del cine Acapulco, y al otro costado, casi de frente, el otro hotel, el Sevilla y la piquera llena de borrachos, de cargadores de la Merced, de putas avejentadas o la panadería con sus olores de bolillos recién hechos, y oscurecida en la noche prehispánica, la silueta piramidal de la Iglesia de San Sebastián, cerrada, con sus puertas de madera, hermética como para que no entrara el pecado que rondaba la esquina, encerrada en su mundo. Y tú frente a esta máquina hundiéndole los dedos, afanándote por recordar todo tal cual; aunque íntimamente sabes que te estás traicionando porque nunca vas a saber a ciencia cierta si así sucedió.

[…] Él lo sabía, porque era el príncipe de Aquitania bajado a los antros de la Merced, al barrio donde se sobrevivía a fuerza de no querer morir, porque pocos habían nacido ahí, crecido ahí, y los que lo habían hecho, eran hijos de los dueños de los comercios y habían ido a la universidad y desaparecido del lugar.

[…] Sólo los que llegaban de la provincia se quedaban allí, los que no eran de aquí y no habían crecido aquí, pero aquí habían hecho su modo de sobrevivir, y ésos eran la gran mayoría que ocupaba esa noche el salón de baile del Califa Dancing Club. Y las mujeres, con sus rostros indígenas, o de barriobajo, se sonreían y se apagaban entre el aplauso desganado y la mano sudada por lo nervios; se aventaban entre ellas, y las otras, las decididas, se subían al estrado, ante el beneplácito de Pérez Sánchez.

[..] y la Merced era un barrio en donde cada lugar era un perfecto escondite, como esa bodega atascada de cajas de madera que todavía tenían el olor de los jitomates que habían albergado, luego la oscuridad, luego la mesa, otra caja con papel periódico como mantel y una vela al centro.

El libro se puede descargar en formato pdf en este link.

noche_califas

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