Sentimientos de La Merced, por Karla Paola Castañares

Texto y fotografías: Karla Paola Castañares

De ambulante formal, informal de “torera” con un “hulito” en el suelo, me tendía en la banqueta, en vía pública, ponía mi mercancía y a gritar para llamar la atención de la gente, ¡Va a llevar su conjuntito para el niño, para la niña llévelo, llévelo, bara bara!!!!!! Pero eso si me tenía que poner bien abusada, así me decía mi mamá, en la venta con la gente, que se juntaba para comprar y para las que no, que sólo se acercaban a robar, estar al “tiro” cuándo chiflaba del aguador (la persona que nos echa “aguas” cuando viene la camioneta o vía pública) para que no nos “ganaran” con nuestra merca. Cuando escuchaba el “chiflido” me empezaba a temblar el ojo, trataba levantar lo más rápido posible pero el nerviosismo me ganaba, ese tic me duró varios años.

En ese entonces nos cobraban de 10 a 20 pesos diarios, no como ahora, esos dizque líderes que se creen dueños de las calles, aprovechados de la necesidad de sus agremiados, imponiendo cuotas de 3000 a 8000 pesos mensuales .

La presión del gobierno por removernos del lugar cada vez fue mayor, más camionetas, más policía, más levantamientos; un día sin más, el encargado de la calle, dijo que no podíamos vender más ahí, , porque que a este tipo, le dieron una “ lana” por entregar la calle, dejándonos de la noche a la mañana sin lugar, sin trabajo, sin sustento.

Llegó a ese lugar nuevo, a empezar de cero, a hacer clientela, después de tantos años en vía pública, fue un cambio drástico para mí; sin embargo ante todos los pronósticos, la Merced desde mi llegada fue tan generosa, me dio todo a manos llenas.
Sin duda alguna febrero de 2013 marca un antes y un después en la zona, es dónde debemos sortear diversas pruebas, nuevamente siento esa preocupación ese desazón, esa persecución, por dignificar el trabajo.

No fue fácil esquivar los diferentes ataques de la administración delegacional, no fue fácil observar el las faltas de respeto a esas grandes señoronas de la Nave mayor, esas que me inspiran día a día, a ser fuerte, a ser valiente, a defender mi espacio laboral, a tener dignidad, a tener valores pero sobre todo a reconocernos como la gran familia que somos. Mi querido amigo que me asesoró, sin cobrarme un sólo centavo, que me enseñó que lo bueno siempre perdura, que a pesar de las adversidades, saldremos avante.

Estimadas chicas del Mercado de las Flores, presentándose con un estudio de la zona, compartiendo su conocimiento para crecer conjuntamente. A esos niños que me saludan diariamente desayunando sonrisas; a mi querida maestra que no sólo enseña a los niños de la comunidad, a los adultos nos da grandes lecciones de vida. Al encargado interino de la Plaza por su altanería, sus gritos, sus amenazas, a Sedeco, a Gobierno Central, a Delegación Venustiano Carranza porque me enseñaron a ser paciente. A cada uno de los que de una u otra forma parte de este proceso de aprendizaje, a ti Merced porque sin conocerme me acogiste con tanto amor con tanto cariño, gracias.

Paola_Castanares_permanecermerced

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