Los mercados que encontró Hernán Cortés en Tenochtitlan

¿Como eran los mercados en la antigua Tenochtitlan?
En las “Cartas y relaciones de Hernán Cortés al Emperador Carlos V” descubrimos diferentes descripciones detalladas de la antigua capital azteca que el conquistador español relata a los reyes. En su sanguinario afán por el oro, Hernán Cortés llega a Tenochtitlan (que él llama por error Temixtitán) el 8 Noviembre 1519, fecha a partir de la cual narra diferentes conflictos (como la famosa Noche Triste en la que los españoles fueron expulsados de la ciudad el 1 de julio de 1520 o el secuestro de Moctezuma). Uno de los mercados principales estaba situado en el Zócalo y para entrar en el mismo había infinitas azoteas y puentes y calzadas rompidas. Y en tal manera, que en cada casa por donde habíamos de ir estaba hecha como isla en medio del agua.

En el siguiente párrafo encontramos con detalle los tipos de productos y género que Cortés encontró en los mercados –al cual los indios llaman tianguizco-, muchos de los cuales desconocía por completo:

Tiene esta ciudad muchas plazas donde hay continuos mercados y trato de  comprar y vender. Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de setenta mil ánimas comprando y vendiendo; dónde hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan, así de mantenimientos como de vituallas, joyas de oro y de plata, de plomo , de latón , de cobre, de estaño de piedras, de huesos, de colchas, de caracoles y de plumas; adobes, ladrillos, madera labrada y por labrar de diversas maneras. La calle de caza, donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así comí gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, pajarito en cañuela, papagallos, búharos, águilas, falcones, gavilanes y cernícalos, y de algunas aves destas de rapiña venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas. Venden conejos, liebres, venados y perros pequeños, que crían para comer, castrados. Hay calles de herbolarios donde hay todas las raíces y yerbas medicinales que en la tierra se hallan. Hay casas como de boticarios, donde se venden las medicinas hechas, así potables como ungüentos y emplastos. Hay casas como de barberos, donde lavan y rapas las cabezas. Hay casas donde dan de comer y beber por precio. Hay hombre como lo que llaman en Castilla ganapanes, para traer cargas. Hay mucha leña, carbón, braseros de barro y esteras de muchas maneras para camas, y otras más delgadas para asientos y para esperar salas y cámaras. Hay todas las maneras de verduras que se fallan especialmente cebollas, puerros, ajos, mastuerzo, berros, borrajas, acederas y cardos y tagarninas, hay frutas de muchas maneras, en que hay cerezas y ciruelas que son semejables a las de España. Venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maíz, que son tan melosas y dulces como las de azúcar y miel de unas plantas que llaman en las otras y estás maguey, que es muy mejor que arrope, y destas plantas facen azúcar y vino, que asimismo vende. Hay a vender muchas maneras de filado de algodón, de todos los colores, en sus madejicas, que parece propiamente alcaicería de Granada en la sedas, aunque esto otro es en mucha más cantidad. Venden colores para pintores cuántos se pueden hallar en España, y de tan excelentes matices cómo pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos, blancos y de diversos colores. Venden mucha loza, en gran manera muy buena; venden muchas vasijas, tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más vidriadas y pintadas. Venden maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, a todo lo de otras islas y tierra firme.
Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallina y de ánsares y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad; venden tortillas de huevos fechas. Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hayan en toda la tierra, que demás de las que he dicho son tantas y de tantas calidades, que por la prolijidad y por no me ocurrir tantas a la memoria, y aún por no saber poner nombres, no las expreso.

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